EL OCASO DE UNA ETAPA MÁS Y EL ALBA DE UNA NUEVA DINÁMICA POLÍTICA EN MÉXICO

27 junio, 2018
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Durante la primera mitad del siglo XX, hace aproximadamente 98 años, el Gral. Obregón pretendió crear un partido político que agrupara a todos los liderazgos emanados de La Revolución mexicana. Esta idea no logró concretarse hasta que el Gral. Calles, aglutinando a la mayoría de los líderes militares y civiles, fundó el primer instituto político que a su vez sufriría cambios internos hasta llegar a lo que hoy conocemos como el PRI (PNR-1928-1938/PRM-1938-1946/PRI desde 1946). De manera similar, un grupo de empresarios mexicanos y conservadores fundaron en 1939 el Partido Acción Nacional, PAN. Con la creación de estas instituciones políticas, que se enfrentaban entre sí para conquistar el voto ciudadano, se dio un periodo de estabilidad en el país de por lo menos 5 décadas.

En 1985, el sismo del 19 de septiembre fue campo para el enfrentamiento moral entre la ciudadanía, del entonces Distrito Federal, con las autoridades gubernamentales que tardaban en reaccionar y atender este percance de finales del siglo en México, llevando a que los primeros se organizaran para resolver con sus propios medios las necesidades que apremiaron durante días y días de tan lamentable evento. Una molestia más que venía a sumarse a las acumuladas después del movimiento del 68 y algunos otros que han sido sepultados a través de la historia.

Meses más tarde, en parte como inconformidad ante el cúmulo de falta de atención a la ciudadanía, se presentaría un evento que marcaría el inicio de una nueva etapa dentro de las instituciones políticas del país. La decisión del Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, junto con otros líderes y políticos importantes, de desincorporarse del Partido Revolucionario Institucional; el génesis del enfrentamiento democrático de 1988 entre el PRI y el PRD que puso en marcha el caminar hacia la alternancia de los gobiernos presidenciales, abriendo la puerta a la participación ciudadana activa y a un régimen más competitivo.

Como parte de esta nueva etapa, en 1989 el PRI perdió por primera vez una gubernatura, la de Baja California ante el Partido Acción Nacional; en 1997 perdió por primera ocasión la mayoría representativa en el Congreso y el Senado; finalmente, en el año 2000 perdió la Presidencia de la República, dando paso a un cambio del status quo del poder priísta. Los gobernadores entonces se volvieron los nuevos tomadores de decisiones en su espacio-tiempo, mientras en el PAN luchaban por establecer un sistema de control a su interior, así en las izquierdas ciertas figuras se empoderaban y trascendían, como López Obrador, Rosario Robles, Carlos Navarrete, Alejandro Encinas y otros.

Los mexicanos parecen estar hartos de promesas y buenas intenciones, de partidos políticos demagogos, de figuras sin palabra; las personas dicen que son apolíticas, cuando en realidad son a-partidistas, ya que todos los días viven y expresan sus inconformidades ante el sistema, los partidos y los políticos. Se requerirá una oxigenación del sistema político y, gane quien gane, seguramente los movimientos sociales independientes tendrán una nueva oportunidad para enseñar a los ciudadanos que su participación es importante y que sus votos valen.

Los partidos, candidatos independientes y movimientos aglutinadores se verán ante este nuevo escenario donde podrán cambiar y transparentar su conducta, creando nuevas estrategias de comunicación ya no sólo con el electorado sino con todas las personas dentro y fuera del país, para autenticar su nueva esencia.

Si López Obrador gana esta elección, muy probablemente, como ocurrió en el año 2000 con Fox, no será la panacea que sus seguidores muestran esperar; lo que sí podrá lograr es provocar una avalancha de acciones que establezcan las bases para un cambio dentro del sistema. Sus actuales propuestas y arengas no significarán en si un cambio de fondo.

Anaya, tras imponerse en la candidatura del Frente y crear toda una estructura de enemistades, sin experiencia en la administración pública, ofrecería un gobierno de buenas intenciones, cuidando su imagen y la de su gobierno con apoyo de las redes sociales, Twitter y Facebook.

Por su parte Meade, sí con amplia experiencia y altamente calificado, pero sin un aparato político propio, posiblemente conciliador entre la derecha, izquierda y centro, no dejaría de representar la continuidad del sistema actual.

No importa quién gane, el sistema político mexicano debe cambiar y reformar sus estructuras, llevando a su fin la simulación, las campañas llenas de promesas, pero alejadas del verdadero compromiso con la ciudadanía, la enajenación y la cerrazón por la obtención de un lugar dentro del status quo. Estamos en la orilla de una nueva etapa plagada de tecnologías que nos permitirán hacer del contacto humano lo más importante; hagamos uso de ellas.

Emiliano Morales Franco

Emiliano Morales Franco

Consultor con estudios en Seguridad, Análisis Electoral y de Partidos Políticos, Cs. Políticas y Administración Pública

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